lunes, 13 de junio de 2011

Si don Luis Miroquesada viviera…

Si don Luis Miroquesada de la Guerra, el mejor director que ha tenido el diario El Comercio,  viviera no se volvería a morir sino que el mismo pediría que lo manden al manicomio luego de ver las portadas de El Comercio, Perú 21 y el Trome en la campaña electoral que acaba de terminar.
Si don Luis viviera el Grupo Romero, Graña y Montero,  La Familia Benavides (dueños de Yanacocha), El Grupo Gloria y toda la derecha cavernaria y reaccionaria que estuvo detrás de la señora Keiko con sus millones no hubiera tenido los titulares que parecían sacados de una salita del SIN en plena época Fujimontesinista.
Don Luis, quien fue el único director en la historia de El Comercio que le hizo una campaña a la empresa norteamericana International Petroleum Company por adueñarse de manera corrupta de pozos petroleros en Talara. Hoy estaría de duelo, porque sencillamente le daría vergüenza ver como el diario al que dedico toda su vida es ahora un simple negocio, una tienda común y corriente, una subasta de torta publicitaria, un Holding donde los periodistas son material de escritorio desechable.
Qué lejos están los días en que el mismísimo Albert Einstein, a través de algunas cartas, elogiaba a ese diario por los excelentes artículos que don Oscar Miroquesada de la Guerra (hermano de Luis) publicaba. Racso, como le llamaban, fue Físico de profesión pero científico de por vida, y el más grande difusor de ciencia en un diario que ha tenido el Perú.
Creo que nuestro Perú, con los cambios que se vienen, se merece tener diarios como El País, o tal vez Le Monde, o si no fuera mucho pedir  quizás Der Spiegel. Diarios que han logrado que nos sintamos orgullosos del periodismo como servicio al bien común que se práctica en España, Francia y Alemania.
Si don Luis Miroquesada de la Guerra viviera, esta vez sí se volvería a morir al ver las portadas de El Men, El Chino y la Chuchy.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Si Keiko gana, regresaría la caverna

Si Keiko gana, el Perú, políticamente hablando, regresaría a la etapa más reaccionaria que ha tenido el país en toda su época republicana.
Tendríamos  a los más ultras del Opus Dei (Rafael Rey y Cipriani) dentro del poder mismo decidiendo políticas de estado como si se tratara de dar encíclicas papales mandando al tacho de basura a todo lo que vaya en contra del clero.
Nuestro ministro de economía sería el más neoliberal y ortodoxo del mundo entero, quien muy suelto de huesos diría, cual aplicado alumno de Francis Fukuyama, que el estado no existe y que se debe privatizar hasta el aire que respiramos para atraer más  inversión extranjera al país.
Todas las carreras de las universidades (públicas y privadas) impartirían  un curso llamado “Los derechos humanos son una cojudez” dictada por los obispos de cada ciudad importante  y monitoreada por el ministerio de la fe, institución creada por el congreso a propuesta del ejecutivo y administrada directamente por el vaticano.
Todas las ONGs tendrían que reportar ante APCI porque no gastaron todo su presupuesto teniendo que dar al estado un porcentaje,  porque al fin y al cabo son instituciones que están llenas de rojos y caviares resentidos que nunca pudieron gobernar.
Los medios de comunicación, con el grupo El Comercio a la cabeza enviarían al congreso el proyecto de ley que los exoneraría del impuesto a la renta porque ellos brindaron sus transparentes servicios a la nación en el grado de “Los chilenos antes que Piérola”
La ministra de Justicia, Marta Chávez, iría hasta la corte de San José en Costa Rica para qué ratifique la condena perpetua que le dieron al juez Cesar San Martin.
En suma, si Keiko gana la palabra libertad dejara de existir en la mente de las personas de todo el país, y solo tendremos un atisbo de su recuerdo cuando nos pregunten cuando fue la última vez que votamos.

viernes, 8 de abril de 2011

Elijo no Elegir

Este 10 de abril no votare por nadie.
Soy sincero, este domingo me levantare muy enojado porque no le daré mi voto a ninguno de los candidatos porque sencillamente nadie me parece creíble. Son tan predecibles y gesticulantes con sus propuestas que el debate fue tan aburrido como  el ángelus de Cipriani todos los sábados por RPP.
No le creo a Toledo porque hay que ser muy tonto para creer en alguien que negó a su propia hija durante varios años y solo se atrevió a hacerlo presionado por la opinión pública.
No creo en Castañeda porque me revienta el hígado que se haya “invertido”  1200 millones de soles en proyectos de la Municipalidad de Lima que no han sido fiscalizados por la contraloría. Es demasiado dinero como para no sospechar  que no hubo ningún caso de corrupción igual al de Comunicore.
Definitivamente no confió en Ollanta, porque me da mucha mala espina ver la ovejita indefensa en la que se ha convertido con tal llegar al poder. Una cosa es moderar el discurso manteniendo la esencia de sus propuestas, es decir sin dejar de ser el Ollanta del 2006 que sencillamente ha desaparecido,  y otra es volverse tan suavecito que Cipriani habrá tenido que flagelarse luego de reunirse con él, fiel a las costumbres del Opus Dei.
Absolutamente no le creo a Keiko, porque hay que ser verdaderamente idiota para no pensar que lo primero que ella haría al llegar a la presidencia seria indultar a su padre.
Y para finalizar, no le creo a PPK por una sencilla razón: Es uno de los lobistas más grandes de la historia peruana, alguien a quien no le ha importado los intereses nacionales sino las ganancias que le brindaban los bancos y trasnacionales para cuales trabajaba como funcionario o asesor.
En fin, este domingo antes de salir a votar,  me tomare una taza de leche con milo.  Porque eso de formar cola para dibujar algo lujurioso en la cedula puede resultar muy cansado.

martes, 22 de marzo de 2011

Joder o no Joder


Ese dilema de los periodistas
Alguna vez Cesar Hildebrandt me dijo que un periodista para ser bueno tendría que tener “huevos”, lo demás venia por añadidura, por talento y a veces por malicia.
Soy un comunicador que no ejerce el oficio hace más de tres años, y creo que ese alejamiento y las reuniones y conversaciones con buenos amigos periodistas me han llevado a tener esta conclusión: Los periodistas cual “Otelo” en Hamlet se debaten día a día en este gran dilema: Joder o no Joder.
Joder deber ser la máxima esencial de todo periodista, tener huevos para hacerlo es  de lo que hablaba Hildebrandt. Para ello se debe estar consciente que se puede perder el trabajo si escribes una nota que implique al alcalde preferido del dueño del diario, o si haces un reportaje contra la trasnacional que tiene un contrato millonario de publicidad con el canal donde trabajas.
Porque el periodismo creo, se ha inventado para joder, para cuestionar, dudar, rebuscar, meter las narices donde algo huele mal , en suma el oficio sirve para picar cual tábano las estructuras del poder mismo, sacar de debajo de la alfombra la suciedad mas pétrea de los seres humanos.
El titulo de esta columna no pretende ser una clase de deontología periodística, sino un testimonio de alguien a quien alguna vez le dijeron que no podría escribir contra tal persona, llevándolo a buscar oportunidades en otros campos de la comunicación.
Hoy, luego de algunos años fuera del oficio,  esa experiencia, materia prima para este artículo, me permiten tener una opinión clara al respecto. Una opinión, querido lector, que  usted puede compartir o no, pero que si debería tener en cuenta.
Una pregunta que se cae de madura en este tema es: ¿Hasta dónde debemos  joder los periodistas? Me animo a responderla: Hasta donde tu editor te lo permita o hasta donde el dueño te aguante.