viernes, 8 de abril de 2011

Elijo no Elegir

Este 10 de abril no votare por nadie.
Soy sincero, este domingo me levantare muy enojado porque no le daré mi voto a ninguno de los candidatos porque sencillamente nadie me parece creíble. Son tan predecibles y gesticulantes con sus propuestas que el debate fue tan aburrido como  el ángelus de Cipriani todos los sábados por RPP.
No le creo a Toledo porque hay que ser muy tonto para creer en alguien que negó a su propia hija durante varios años y solo se atrevió a hacerlo presionado por la opinión pública.
No creo en Castañeda porque me revienta el hígado que se haya “invertido”  1200 millones de soles en proyectos de la Municipalidad de Lima que no han sido fiscalizados por la contraloría. Es demasiado dinero como para no sospechar  que no hubo ningún caso de corrupción igual al de Comunicore.
Definitivamente no confió en Ollanta, porque me da mucha mala espina ver la ovejita indefensa en la que se ha convertido con tal llegar al poder. Una cosa es moderar el discurso manteniendo la esencia de sus propuestas, es decir sin dejar de ser el Ollanta del 2006 que sencillamente ha desaparecido,  y otra es volverse tan suavecito que Cipriani habrá tenido que flagelarse luego de reunirse con él, fiel a las costumbres del Opus Dei.
Absolutamente no le creo a Keiko, porque hay que ser verdaderamente idiota para no pensar que lo primero que ella haría al llegar a la presidencia seria indultar a su padre.
Y para finalizar, no le creo a PPK por una sencilla razón: Es uno de los lobistas más grandes de la historia peruana, alguien a quien no le ha importado los intereses nacionales sino las ganancias que le brindaban los bancos y trasnacionales para cuales trabajaba como funcionario o asesor.
En fin, este domingo antes de salir a votar,  me tomare una taza de leche con milo.  Porque eso de formar cola para dibujar algo lujurioso en la cedula puede resultar muy cansado.

martes, 22 de marzo de 2011

Joder o no Joder


Ese dilema de los periodistas
Alguna vez Cesar Hildebrandt me dijo que un periodista para ser bueno tendría que tener “huevos”, lo demás venia por añadidura, por talento y a veces por malicia.
Soy un comunicador que no ejerce el oficio hace más de tres años, y creo que ese alejamiento y las reuniones y conversaciones con buenos amigos periodistas me han llevado a tener esta conclusión: Los periodistas cual “Otelo” en Hamlet se debaten día a día en este gran dilema: Joder o no Joder.
Joder deber ser la máxima esencial de todo periodista, tener huevos para hacerlo es  de lo que hablaba Hildebrandt. Para ello se debe estar consciente que se puede perder el trabajo si escribes una nota que implique al alcalde preferido del dueño del diario, o si haces un reportaje contra la trasnacional que tiene un contrato millonario de publicidad con el canal donde trabajas.
Porque el periodismo creo, se ha inventado para joder, para cuestionar, dudar, rebuscar, meter las narices donde algo huele mal , en suma el oficio sirve para picar cual tábano las estructuras del poder mismo, sacar de debajo de la alfombra la suciedad mas pétrea de los seres humanos.
El titulo de esta columna no pretende ser una clase de deontología periodística, sino un testimonio de alguien a quien alguna vez le dijeron que no podría escribir contra tal persona, llevándolo a buscar oportunidades en otros campos de la comunicación.
Hoy, luego de algunos años fuera del oficio,  esa experiencia, materia prima para este artículo, me permiten tener una opinión clara al respecto. Una opinión, querido lector, que  usted puede compartir o no, pero que si debería tener en cuenta.
Una pregunta que se cae de madura en este tema es: ¿Hasta dónde debemos  joder los periodistas? Me animo a responderla: Hasta donde tu editor te lo permita o hasta donde el dueño te aguante.